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Prospero 2009

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PERSONAJE
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Conscientes de la responsabilidad intelectual y moral que adquirimos al comprometernos a publicar nuestra revista entregamos  ahora la biografía de uno de sus mas elevados  exponentes humanos que dado nuestra municipalidad,  el Doctor  Avelino Saldarriaga.  Salida de la pluma de otro ilustre medico,  hijo de Itagüí,  el doctor Luís Alfonso Espinosa Acosta* (fallecido en 1979),  quien con cariño y gran conocimiento del sabio maestro desaparecido dejó estas páginas a las presentes y futuras generaciones.

Nació este ilustre galeno en la población de Itagüí el día 25 de agosto de 1858.  Fueron sus padres Don Avelino Saldarriaga y Doña Rafaela Gaviria.  Su nombre completo era el de Pío Avelino Saldarriaga Gaviria. Desde muy temprana edad mostró una gran inquietud mental y un gran amor a las ciencias;  una inteligencia clara que trataba siempre de conocer la causa de todo lo que veía a su alrededor;  de una lógica y de un espíritu inductivo y deductivo que asombraba tanto a sus padres como a sus maestros,  razones éstas que demostraban que estaba predestinado a ser un gran sabio y un filósofo en el sentido más estricto del vocablo.

A una edad demasiado infantil y en un solo día aprendió en su casa todo el alfabeto castellano y la numeración aritmética hasta un número bastante alto.  Por esta razón el director de la escuela oficial de Itagüí,  hubo de llevárselo para dicho plantel y evitar así muchas molestias a sus padres. Allí hizo sus primeros estudios y los continuó en la Universidad de Antioquia donde obtuvo el diploma de bachiller a la edad de 15 años. A pesar de su corta edad,  el joven Saldarriaga servía como libro de consulta a todos sus compañeros,  como maestro,  a todos los que seguían de cerca sus huellas y aún como consejero en la elección misma de la carrera.  En toda la educación secundaria fue puesto como modelo y como ejemplo a sus condiscípulos por su acendrado amor al estudio y al Alma Mater de Antioquia a la cual dió más brillo y aumentó su grandeza espiritual. Se dirigió a Bogotá para hacer los estudios de medicina en la Universidad Nacional y allí fue sorprendido por la revolución del 78. Así fue como los estudiantes abandonaron los claustros para seguir al campo de batalla.  Pero a nuestro biografiado,  a quien le tocó mejor suerte,  le fueron encomendadas las llaves de la biblioteca donde permaneció estudiando hasta que la paz surgió de nuevo en Colombia.  Es de advertir que durante todo el tiempo bélico no recibió ningún auxilio pecuniario de la casa por lo que se vio en la necesidad de tener que llegar hasta el desempeño de trabajos humildes,  como el de mandadero,  para poder conseguir el sostenimiento de su vida.

En la facultad de Medicina de Bogotá sobresalió como el primer estudiante y obtuvo anualmente un diploma de honor que el Ejecutivo Nacional ofrecía para premiar al más aventajado.  Por último en el año de 1882,  recibió el grado Doctor en Medicina y Cirugía en la presentación de una tesis que fue motivo de aplauso tanto por parte del profesorado como del estudiantado entero. Regresó a Antioquia con el fin exclusivo de visitar a su familia y rápidamente se fue a París en donde completó y perfeccionó con lucidez sus estudios en los principales hospitales y centros científicos.  Allí fue admirado por la agilidad de su entendimiento,  su sólida preparación científica y su alto espíritu humanitario.

Nuevamente en Antioquia se dedicó de preferencia a la industria fabril y fundó la primera fábrica de velas esteáricas y de jabón de barra que hasta entonces se conocía.  Es notorio el hecho de que el ácido sulfúrico que necesitaba la fábrica,  él mismo lo producía y más tarde lo facilitó a la Casa de Moneda.  La traída de la caldera para la fábrica fue una larga y dura faena pues en ese tiempo los escasos medios de transporte que existían dificultaban enormemente la movilización de una maquinaria de esa clase.  Contra todos los imposibles y venciendo los obstáculos que se presentaban a cada paso,  pudo darle feliz término a su obra en la que gastó seis meses en el solo transporte de la Estación de Pavas,  en el ferrocarril de Antioquia,  hasta la estación de Medellín.  Empleó la primera polea diferencial que se conoció en el Departamento y varias yuntas de bueyes que a consecuencia de la dura jornada murieron casi en su totalidad.  Se cree,  y así lo afirma el mismo Doctor Saldarriaga que con la traída de la caldera había acreditado las trochas que abrió más tarde el Ingeniero cubano,  Francisco Javier Cisneros.

Fue profesor de química en la Escuela de Medicina de la universidad de Antioquia durante algún tiempo y allí se distinguió por su erudición,  sus admirables dotes pedagógicas,  sus profundos conocimientos y su habilidad en la técnica de laboratorio y ante todo por su gran desprendimiento que lo llevó hasta regalar su sueldo para el Laboratorio de Química de la misma Facultad.  Un acto de esta clase sólo puede hacerlo el hombre que ve en el dinero una cosa secundaria;  que sabe que esto sólo sirve para pervertir el corazón,  envenenar el alma de envidia,   envolverla en la avaricia y apagar aquella sublime ambición de adquirir más ciencia y darle más expansión al espíritu.

Hizo los primeros estudios sobre Tuberculosis en Colombia e inauguró igualmente la lucha contra el terrible flagelo que en ese tiempo comenzaba a extenderse en proporciones alarmantes.  Con esto pacificó a todas las gentes que se encontraban inquietas y atemorizadas por los desastrosos efectos que producía el mencionado bacilo al mismo tiempo llamó la atención a todos sus colegas para ver de lograr una destrucción completa de aquel microbio por medio de un tratamiento eficaz.  Esa misma inquietud nacional y el deseo científico lo obligaron a ir nuevamente a Europa en donde hizo estudios especialísimos sobre tuberculosis y su tratamiento,  al mismo tiempo que los cursó de una manera admirable,   recibió el grado de Radiología.

Su espíritu de investigación nunca desmedido,  lo llevó hasta descubrir el primer caso de Lepra en Itagüí,  en una sirviente venida de Santander.  Como dicha sirvienta trabajaba en una panadería,  no es difícil que por ese medio hubiera propagado la enfermedad en la población y sus limítrofes.

Al hospital de "La María" de Medellín le regaló un Neumotorax y en él enseñó a los médicos su tratamiento sobre la tuberculosis;  a su iniciativa,  el mismo hospital pidió la instalación de un aparato de Rayos X,  indispensable para el tratamiento de aquella terrible peste.  En el campo de la cirugía también dejó huella imborrable y se hizo sentir grandemente entre sus colegas pues su ágil cuchilla fue la primera que practicó la prostatectomía en Antioquia. Es de advertir que esa cuchilla nunca se volvió contra sus compañeros de profesión en ningún momento de su vida.  Queda demostrado también hasta la evidencia que en él no había egoísmo científico sino que,  por el contrario,  se esforzaba por divulgar los conocimientos que albergaba en su cerebro,  para mayor engrandecimiento de su Patria y una mayor cooperación y ayuda a la humanidad afligida por el dolor. A pesar de su humildad y su modestia que lo llevaban siempre a pasar como desapercibido ante los hombres y sobre todo ante los científicos y médicos,  Avelino Saldarriaga,  perteneció como miembro activo de la Sociedad de Radiólogos y a la Academia de Medicina.

Avelino Saldarriaga era un hombre de vastos conocimientos,  de un talento práctico que sorprendía en todo campo en donde se le considerase y de una voluntad tan firme y sólida como pocas.  De él dijo el ilustre médico Evangelista Manrique,  en París:  "No me explico por qué no es Avelino Saldarriaga el primer médico de Colombia".  Pero esa explicación si la saben bien sus colegas de Antioquia y de Colombia.  Era por su humildad por lo que huía siempre de los primeros puestos,  por su amor a todo lo tranquilo y retirado,  por que daba preferencia al trabajo que redime y dignifica que al aplauso efímero,  hipócrita e insincero;  porque se dedicaba más de lleno a la observación y experimentación de los diferentes y múltiples fenómenos que se suceden en el organismo sano y enfermo,  lo mismo que aquellos con ciertos medicamentos frente a determinadas enfermedades;  porque nunca llegó a exhibir sus grandes dotes como hombre de ciencia y porque jamás se lisonjeó de sus doctrinas sabias y benéficas pues,  si era afirmativo nunca fue dogmático.  Su deseo no era otro que ir al lecho humilde del enfermo en altas horas de la noche,  cuando se ocupaba en sus estudios e investigaciones a curarle el dolor que le afligía,  a darle sus palabras de consuelo y esperanza y retirarse silenciosamente unas monedas con que el enfermo pudiera proveerse de las medicinas cuando carecían de medios para ello.

Pero Avelino Saldarriaga no solamente es el médico,  el químico,  el industrial,  sino también el empresario y el agricultor,  cualidades éstas que representan al vivo espíritu creador del antioqueño fuerte y activo que al mismo tiempo que con el libro nutre su cerebro fortificándolo en la ciencia,  con el hacha y con la azada torna en fértiles sembrados las antes estériles e inexplorables montañas. Todo lo sacrificó por amor a su tierra y a su raza;  luchó incansablemente por desterrar de su patria el terrible bacilo de Coch, hacer una mejor salubridad pública y una completa sanificación del suelo.

El día 19 de marzo de 1928 y a la edad de 71 años le sobrevino la muerte a este ilustre varón cuando cumplía su último viaje a Europa.  Su desaparición consternó hondamente a todo el pueblo colombiano que había depositado en él todo su cariño y toda su confianza y que había comprendido hasta la evidencia la bondad del espíritu que perdía,  la grandeza de su alma y la profundidad de sus conocimientos científicos.La Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín lo escogió como ejemplo a las juventudes antioqueñas,  el Concejo de la misma ciudad puso su nombre al primer pabellón de "La María" y el Concejo de Itagüí colocó una placa de mármol en su casa y un busto en la plaza principal.

*Tomado de la revista Aspiración, No 1,7 de agosto de 1938. Centro Cultural Avelino 

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