CRÓNICAS Por Emilio Robledo
y como todo había que explorarlo, despacho enseguida Jerónimo Luis Tejelo para que con veinte infantes y doce de a caballo fuera a descubrir aquellas partes. Tejelo quiso aprovechar las primeras luces del alba para caer sobre el valle que alcanzo a divisar desde que llego al altiplano sin ser visto por los naturales. No logró, empero su propósito, pues con las primeras luces de la aurora los castellanos fueron vistos y atacados in continenti por numerosos enemigos que no dieron parlamento alguno, y cayeron sobre los visitantes por espacio de varias horas. En grandes aprietos se vieron ahí Tejelo y sus escasos compañeros; pero luego entró el espanto a los “Bitagüíes” – pues éste era el nombre de los habitantes de este valle-, que no solo abandonaron el campo sino que se ahorcaban con sus propias mantas ante la visión, para ellos terrorífica, de los hombres blancos, de luengas barbas y mal agestados.
Tejelo aprovecho el pánico de los indios para enviar mensajeros a Robledo a darle cuenta de su encomienda, y Robledo vino en su ayuda con la mayor celeridad. Rehechos los naturales de su primer susto, volvieron a la carga en mayor número y más pugnases, armados de todas sus armas, que eran coas o sean dardos de palmera endurecidos al fuego, macanas, hondas y estólicas, “ que es un arma de las más peligrosas que en esta parte se halla y se tira encajada en un palo de dos palmos, que casi quiere significar aquello como trancaylo, y con aquel palo en que se encaja la arrojan, que va más recia que con flecha.  “ El lugar nuevamente hallado estaba en la cabecera o flanco de un valle que debió sorprender a los caminantes por su pintoresca belleza- dice Uribe Angel-, por lo poético de su perspectiva, por la benigna y casi sensual gradación de la temperatura, por la pureza de sus aguas, la blancura de su atmósfera, la profusa riqueza de su vegetación, el armonioso concierto de sus aves, y la multitud de sus cuadrúpedos y la prodiga variedad de sus árboles y frutos. Hombres que después de mucho tiempo andaban como sepultados en las combas y dobleces de un país tan abruptos como el interior de Antioquia, debieron de sentir una inefanable impresión de placer, un bienestar perfecto y profundo regocijo, al contemplar desde los planos, inclinados del último circuito una suave y deliciosa llanura que se extendía por cuatro miriámetros y cinco kilómetros de anchura, cubierta por un bosque secular y soberbio, recorrida por un manso y cristalino río, esmaltada a trechos por algunas humildes sementeras, cruzada por torrentes, fertilizada por arroyos, hermoseada por tres o cuatro colinas salientes, por algunas abras amenas, y espaciosas, y por un paisaje tan delicado y rico a un mismo tiempo que naturalmente lo verían como jardín lleno de todas las magnificencias americanas... Este valle que los indios llaman de Aburrá, fue bautizado por los españoles con el devoto nombre de San Bartolomé. Hoy se llama Medellín.”
Era el mes de julio de 1541 y robledo continuaba con la obsesiva idea de hallar el Valle de Arbí. Despacho de nuevo en su busca a Diego de Mendoza hacia la región oriental, el cual anduvo más de veinte días por el actual territorio de La Ceja, La Unión, Rionegro y Marinilla y solo hallo bohíos dispuestos a trechos de dos leguas y que probablemente eran los lugares de descanso de los traficantes con sal y otros productos que vendían a los Amaníes, situados en aquellas regiones...
En el ameno Valle de Aburrá hubiera permanecido Robledo y aun poblado si no tuviera en mientes alejarse a Calí lo que más pudiera, ya que el nuevo adelantado no había cumplido la promesa de auxiliarlo en su empresa oportunamente. Dejando pues la mano lo relativo a Arbi, Robledo levanto las tiendas pasado el 24 de agosto, día de San Bartolomé, que fue la razón de haber bautizado el valle de Aburrá con el nombre de aquel cananeo que fue presentado a Jesús con el nombre de Natanael, predicó luego la doctrina nueva entre los árabes y más tarde fue desollado vivo...
FUENTE: LIBRO DE ORO DE MEDELLÍN. EDITORIAL BEDOUT S.A. MEDELLÍN.1975
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