LOS GITANOS EN ITAGÜÍ Por ARALES
En Itagüí los gitanos dejaron las carpas y de pintar caballos. A mediados de la década de los 40 apareció una caravana transitumante que se estableció en los predios despoblados y cercanos a la quebrada Doña Maria, prendio de noche la fogata de la gitaneria y a la luz del Sol aparecieron sus mujeres vistiendo sedas vaporosas que apenas dejaban ver los tobillos, telas multicolores ceñidas a la cintura que movian con ritmo cadencioso al compás de los zarcillos. Hombres de nariz aguileña, de largas patillas y chalecos vistosos, daban sonoros martillazos a grandes pailas de cobre para después hacer la feria en las calles. El Itaguí de los años 40 fue muy permisivo y benevolente. Los mismos propietarios de algunos lotes permitieron los asentamientos con la promesa de que esa residencia fuera temporal por que sabian que la sangre errante de los forasteros se trasladaba fácil lo antes que adoptar el recurso de desalojo. A partir de esta década Itagüí ya tuvo otro atractivo turístico, por que las gentes venían a admirar a aquellas carpas multicolores y el sinnumero de adivinas que predestinaban el futuro. A medida que el barrio Santa María No.3 se fue poblando, los gitanos aquellos errantes vieron como se reducía su espacio. Pero esta noble de tierra de Itagüí les proporcionó un calor humano, que hizo que se identificaran con su idiosincrasia. Y por una misteriosa predicción de su destino adivinaron en las rayas de su topografía que allí se levantaría la mayor industria de Colombia. Fue así como a los gitanos les gustaron las viviendas de cemento y con el paso del tiempo se modernizaron. Esa costumbre de milenios que caracterizó al pueblo del Faraon : durmiendo, cantando y bailando, al calor de la hoguera y bajo la carpa desapareció en Itagüí. |