CALEIDOSCOPIO Por Arales
Sentado en el patio del interior de su casa, poblada de naranjos y mandarinos, donde los pájaros dulces jugueteaban de rama en rama. Un venerable anciano de barba blanca, gesto arrogante y de ojos vivos nos relata la vida de esta silenciosa aldea: “...El Itagüí de principios de siglo XX se caracterizaba por su soledad; unas cuantas casitas y una capilla, que desde la época colonial estaba dedicada a Nuestra Señora del Rosario, esto constituía la zona urbana. Por la plaza abandonada y cubierta de charcas no se veían los perfiles que hoy presenciamos ,ni las risotadas que ahora se profieren,ni mucho menos las embriagadoras y estridentes melodías que profieren de los establecimientos ubicados en el marco de la plaza principal o parque Simón Bolívar. Nuestra placita de aquellas épocas, era visitada todas las tardes por los patricios que deambulaban con su sombrero blanco, su ruana de paño negro, su camisa de pechera almidonada y su bien cuidado guarniel; se dirigían a la capilla a rezar el Santo Rosario”... (PERIÓDICO ORIENTACIÓN 1942) POR SIMÓN PEDRO |