“CALLE NEGRA Y SUS MORADORES” Por Miguel Restrepo
Hace más de medio siglo “Calle Negra”, hoy Santa Catalina, era un lugar misterioso, guarida de brujas, duendes e infinidad de seres imaginarios. Hace más de medio siglo “Calle Negra”, hoy Santa Catalina, era un lugar misterioso, guarida de brujas, duendes e infinidad de seres imaginarios. Se decía que allí tenía el demonio su residencia, como también el Sombrerón y la Pata Sola. De noche las brujas salían convertidas en una bola de candela, dizque salían de aquel paraje y se dirigían comúnmente hacia el Rincón Santo o hacia el Palenque, lugares de orgías donde se vertían a torrentes la tapetusa y donde los festivales dejaban uno o dos muertos. Muchos recuerdos nos han quedado de Calle Negra entre otros: el Ñato Cesario, el Mico Rubias, Los Mantecos; Pedro Marto y Carlos Ollero. Fueron personajes célebres, esgrimieron con coraje sus machetes y se crearon por sus continuas trifulcas un prestigio en el barrio.
El Ñato Cesario, era pequeño, de cara ovalada y un poco rechoncho, bebía constantemente y en su guarniel;no faltaban un par de dados, una barbera, la uña de la gran bestia y algunos muñequitos de cera. De su cintura pendía una larga peinilla, la cual, una noche oscura esgrimió contra el mismo satanás con muy malos resultados. A pesar de esta entrevista con el demonio el Ñato Cesario no se regeneró, continuó tomando parte en las trifulcas y constantemente por Calle Negra resonaba su grito estontóreo de “Viva el Partido Liberal”.
Carlos Ollero o “Mano Carlos”, como familiarmente lo llamaban, era el Jefe de los “Olleros”, la que frecuentemente entraba en acción. Era grueso, cara redonda y de color negruzco; se distinguía sobre todo por su sombrero “Punta de barra”, y por su ruana bicolor que era por un lado negra y por el otro rojo encendido; al echarse hacia atrás resaltaba su rostro negro en el fondo rojo de su querida pastusa, de manera que a los lejos; “Mano Carlos” parecía como si estuviese vertiendo sangre por el pecho. La cuadrilla de los Olleros, se caracterizaba por su precisión en el lanzamiento de piedra.
Marita Ollero perteneciente a dicha asociación fue sujeto pasivo en el homicidio pasional que ocurrió hace más o menos noventa años. Fue un domingo trágico, un domingo de aquellos en que la misma naturaleza parece anunciar un suceso triste. Marita sin meditar la santidad del hogar sostenía relaciones ilícitas con la célebre “Ponucena”, muy conocida en el paraje de “Rincón Santo”, de las cuales se enteró el esposo de esta, quien poseído por un dolor intenso y comprendiendo que se atentaba contra su honor y contra su reputación de macho, buscó a Marita y le dio muerte aquel domingo fatal en las playas de la quebrada Doña María. Todavía se recuerda lo ocurrido a Marita Ollero y se cita como ejemplo a todos los que quieran traspasar las barreras del matrimonio Cristiano.
Tomado del “Semanario Orientación”. Apartes de Calle Negra y sus Moradores, por Simón Pedro, 23 de mayo de 1942.
Ver Comentarios (0) |