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CURIOSIDADES DEL VIEJO ITAGÜÍ Por Mario Mejia
PROCECIONES Y CEREMONIAS RELIGIOSAS
Fechas muy especiales, como Semana Santa y Corpus Christy, etc. A la hora fijada, —lloviera o relampagueara, se realizaban las procesiones. Su recorrido era largo: 15 ó 20 cuadras, partiendo de las parroquias cercanas y concluyendo en el parque principal, frente al atrio. Cómo no recordar, entre otros párrocos de Nuestra Señora del Rosario, al padre Celedonio Arismendi, cuyo tamaño era inversamente proporcional a su dinamismo, empuje, autoridad y verraquera. Imponía el orden y el silencio y iodo el mundo le obedecía. Honor especial era participar en las procesiones, —Recuerdo personajes como don Luís Mejía Álvarez, don Germán Vélez y la S.M.P. en pleno. El Honorable Concejo Municipal, incluyendo a los liberales, que tenían la "aureola" de fríos y poco creyentes. Era, en general, Los estudiantes desfilaban con sus uniformes de gala. Las bandas marciales daban un aire de solemnidad muy especial. La juventud no perdía la oportunidad de "coquetear" y conseguir sus novios (as), a pesar de tanta solemnidad. Chicas de la época, tan bonitas: sin siliconas ni pelo teñido, de hermosa sonrisa, les decíamos "muy quebradoras".
ALTARES DE SAN ISIDRO Que gama tan abundante de obsequios: vacas, novillos, gallinas, cabras, loros, perros y muchos etcéteras. Alegría y mucho entusiasmo en los remates. ¿Quién da mas? Y el joven “copetón” se entusiasmaba y remataba lo que fuera, por aparentarle a su amiga o novia. Los sacerdotes y sus parroquias obtenían sus buenos pesos y todo el mundo muy contento, y a veces, encartado con lo que remataron. ¡El elefante blanco! O quien remató el caballo y no tenía pesebrera.
FIESTAS PATRONALES Las recuerdo, con asistencia masiva, iglesia y parque a reventar. Oradores sagrados elocuentísimos como el padre Carlos Pérez, cuyo sermón magistral duraba mínimo, una hora. Terminado el sermón era común escuchar entre las señoras —Que predicación tan hermosa mija, que extraordinario sermón. Las otras damas que no asistieron, preguntaron, — ¿pero qué dijo el padre? Y la primera respondía: -No sé mija, pero habló ¡hermoso, hermoso!
EVOCACIÓN DE NUESTROS ARBOLES Por Ligia Pimienta Estrada
El Itagüí de ayer, encantador, romántico, pleno de leyendas de sabor inverosímil, con su estructura natural hermoseada con las más variadas manifestaciones de su capa vegetal como son los árboles que delineados artísticamente, llenando de colorido el ambiente, de belleza, aireación y de música transportada por las aves que habitan sus ramas. Esas palmeras que tanta admiración despertaron ante nosotros mismos, ante otros y que realmente eso constituyó nuestro máximo orgullo, no sólo por su belleza incomparable sino por su conocida variedad, ha tenido que ceder el campo a la piqueta demoledora del nuevo orden, representando en ese fantasma que hemos dado en llamar "civilización" sacrificando en sus aras los más hermosos ideales de belleza como son los árboles, nervio palpitante de la naturaleza, erupción fecunda que se alza sobre la superficie entonando el cántico a la grandeza de Dios, llenando de verdor y frescura el ambiente, entrelazando sus brazos para formar arcos triunfales del poderío creador.
El Itagüí de hoy, tal vez con excepción de su plaza principal que sigue siendo el parque piloto, si así se puede decir, en cuanto a su composición arbórea se refiere, ha dado luz verde a los vándalos de este veloz siglo, que quieren convertirlo en una masa inerte que cumpla ciertos requerimientos de técnica, pero que no tenga la luminosidad de los caobos y arrayanes, la elegancia de los cipreses y araucarias, la simplicidad ornamental de los pinos y carboneros y por sobre todo la hermosura de las ceibas, que dieron marco a nuestra tradición de pueblo cristiano y trabajador.
Habitamos un mundo mecanizado, con mentalidad utilitaria, automatizado, envilecido por extrañas pasiones, donde la belleza de la naturaleza representada en sus árboles hay que perseguirla implacablemente hasta destruirla.
Hagamos esfuerzos para conservar este patrimonio natural, que nos llena el alma de regocijo, que mitiga nuestras diarias preocupaciones, que nos da el mundo loco y abstracionista del presente, que entretiene nuestra vista, que maravilla nuestros oídos al percibir las notas de sus alados habitantes, que motiva la vena poética de nuestros bardos y orna graciosamente nuestra ciudad.
Luchemos para frenar los ímpetus destructores y se conserve aunque sea en parte, la alegría y el solaz que nos brinda la naturaleza. |
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